Cuestión de tiempo…

Hasta siempre, Paco...

Hasta siempre, Paco…

Dos acontecimientos recientes relacionados con el mundo del espectáculo merecen sobradamente ser comentados en nuestro Blog del Partido. Dos hechos que disparan a la línea de flotación del pensamiento artístico y nos mueven a la reflexión. Uno tiene que ver con la vida –o más exactamente con la muerte- del maestro Paco de Lucía, el segundo con el espectáculo: la emisión y posteriores reacciones del documental 23-F Operación Palace. Los hechos han ocurrido, lo que nos toca analizar y reflexionar como artistas son las reacciones del público tras ellos.

Ante la muerte del genio de Algeciras la respuesta es unánime: la sincera desolación. Nuestro embajador universal de la guitarra flamenca era alguien muy respetado, querido y admirado, pero también, aunque nos pese, más desconocido de lo que debería.

Aparte de su archipopular Entre dos aguas, el público español desconoce en su gran mayoría el resto de sus composiciones, sus colaboraciones, su extensísima discografía y, aunque hoy los tertulianos todoterreno lloren al genio en infames emisiones televisivas e internet se llene de descargas ilegales de sus temas, la mayoría sabemos que no lo conocimos en vida como debiéramos. Ahora toca ponernos al día y disfrutar de su legado musical (a ser posible legalmente).

Y es que ya lo dejó escrito nuestro ingenioso Enrique Jardiel Poncela en su epitafio: Si queréis el mayor elogio, moríos.

Anuncio del programa de Jordi Évole.

Anuncio del programa de Jordi Évole.

Mucho más dividido está el patio ante la emisión el pasado domingo del documental de Jordi Évole sobre el 23-F. Un programa en formato de falso documental que, emulando a la hoy alabada Guerra de los mundos de Orson Wells en 1934,  mantuvo en vilo a más de cinco millones de espectadores que respondieron de muy diferente manera al enterarse del engaño. La red se incendió de tweets y comentarios en pro y en contra (muchos más en contra) de la emision. “El 23-F fue un asunto muy serio como para hacer bromas con él”, era la bandera que enarbolan sus detractores.

Pero ¿Qué asunto no es serio? o ¿cuánto tiempo tiene que pasar para que nos podamos reír de algo? ¡Quememos entonces a los Monty Phyton, a Gila, a Cantinflas, a Chaplin, a Begnini…! a todos los que han bromeado con la guerra, la muerte, el nazismo, los toros, el hambre… ¿Qué ocurre entonces con nuestro Feelgood y su humor cruento sobre efectos secundarios de la transgenia? ¿Cuál es el límite del humor?

Curiosamente, el español cuenta chistes sobre cualquier cosa (recordemos precisamente los “Chistes sobre el golpe” a los dos días del mismo) y nadie se escandaliza, ésa es la grandeza y la libertad del chiste y del falso documental, que no tiene límites, como explica la lúcida reflexión de David Trueba en su columna de opinión de El País.

Cómplices de Jordi Évole en el programa 'Operación Palace'

Cómplices de Jordi Évole en el programa ‘Operación Palace’

Ay, ay, ay… ¿No será que lo que más nos ha tocado el amor propio no es el tema sino que nos engañasen? Hemos picado y no nos gusta reconocerlo. El carácter hispano es púdico y odia enseñar las flaquezas: presumimos de pícaros pero no crédulos. Nosotros que ya habíamos olvidado que Jordi Évole era El Follonero y le habíamos subido el status a periodista serio y le llamábamos por su nombre y apellido, resulta que nos vuelve a tirar agua a los ojos desde su flor de plástico en la solapa. ¡Follonero, que eres un follonero!

Nos gusta constatar que el país está vivo, que se crea reflexión, opinión, discusión… ¡vida!. El Teatro es vida, el espectáculo es vida y las conversaciones del lunes por la mañana cambiaron un poco, solo el lunes probablemente, ya sabemos que “fútbol es fútbol”.

Por cierto, podría haber sido peor, esto es lo que ocurrió tras una emisión similar a la realizada por Orson Welles pero esta vez en Ecuador, emitida por Radio Quito en 1949 en la que se alertaba también de platillos voladores:

“La transmisión no duró más de 20 minutos, hasta que la gente descubrió la verdad. Se produjo una verdadera agitación popular; primero tiraron piedras y ladrillos contra el edificio de “El Comercio” (donde funcionaba la radio y este periódico, ubicado en el centro de la capital, apenas a una cuadra del edificio de correos). Los aceites de la imprenta del periódico, sumados al papel, hicieron que el incendio tomara fuerza rápidamente. La policía, viendo que se trataba de una burla, no socorrió a los artistas, periodistas y demás personas del edificio, quienes intentaron ponerse a salvo saltando al techo de otro edificio colindante.”

Esto es lo que se conoció como la tragedia de Radio Quito. Carácter hispano.

Pero no nos preocupemos, como reza el jardielesco epitafio: cuando muera Jordi Évole, los que queden admirarán unánimemente la genialidad del documental. Es cuestión de tiempo…

WE FEEL GOOD!

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